22.6.12

79

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El Conventillo Varieté: Las empleadas del museo mimetizadas con las obras que custodian.

El trabajo “Ermitazhniki” de la fotógrafa rusa Lucia Ganieva es una serie de retratos de las vigilantes de las salas del Hermitage de San Petersburgo que se han mimetizado con las obras tras años de conexión.



Al parecer, las empleadas de dicho museo (que conservan su trabajo durante décadas y rara vez cambian de sala), han mantenido una intensa cercanía emocional o espiritual con las obras, razón por la cual acaban pareciéndose, proceso simbiótico mediante, a los cuadros que custodian.




7.6.12

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Peinado Museístico: La cresta Punk.


A lo largo de la historia, el peinado no solo ha representado un ideal estético, sino también un símbolo de la dignidad y estatus social del individuo, el peinado es un elemento diferenciador que pone de manifiesto los distintos aspectos relacionados con la personalidad del individuo y con la sociedad a la que pertenece.


Dios salve a la Reina 
Ella no es un ser humano 
No hay futuro 
En el sueño de Inglaterra. 
Que no te digan lo que quieres 
Que no te digan lo que necesitas 
No hay futuro No hay futuro 
No hay futuro para ti. 
Dios salve a la Reina
Sabemos lo que decimos, ¡hombre!
Amamos a nuestra Reina 
Que Dios la salve.

 “Dios Salve a la Reina” (God Save The Queen). Sex Pistols.

Entre gritos, insultos y escupitajos el “Punk” irrumpió en el mundo de los años ´70 sin que nadie sospechara lo que se avecinaba. El Punk fue el sonido de la rebelión y la voz de una generación que desapareció al final de esa época. Sin embargo, y al grito de “Punk not dead!”, su influencia se ha mantenido viva en la actualidad.


Veamos. La estética de la subcultura punk se popularizó con el nacimiento del movimiento en torno a 1975. Ligado a la actitud que profesaba, desde un comienzo su estética estuvo orientada a romper con todo lo preestablecido, desde la vestimenta, tatuajes y peinados.


4.6.12

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Personaje Museístico: Larry Gagosian, el marchante de arte más famoso del mundo.


Su instinto y astucia son garantía de éxito. Cuenta con un excelente “olfato” para los negocios y ha catapultado a la fama a diversos artistas contemporáneos. Es poderoso, influyente y controla el “gran mercado del arte”. Sin lugar a dudas, Larry Gagosian convierte en oro(o mejor dicho, en arte) todo lo que toca.


La historia del mito comienza en 1969 cuando, tras licenciarse en Literatura Inglesa en la UCLA, fue descubierto por la agencia de cazatalentos “William Morris” donde comenzó vendiendo posters. Apenas  una década más tarde, en 1979, Gagosian abría su propia galería en Los Ángeles especializada en arte moderno y contemporáneo (un lustro más tarde, expandía su galería a Nueva York inaugurándola con una exquisita muestra de los fondos de arte pop de los coleccionistas Emily y Burton Tremaine).

 Gagosian junto a Damien Hirst

El año 1996 marca un punto de inflexión en su carrera. Gagosian se convierte en co-propietario, junto con Leo Castelli, de otra galería en el número 65 de Thompson Street, donde solían montar maravillosas exposiciones con piezas de grandes dimensiones, como las colosales esculturas en bronce decorado de Roy Lichtenstein. Se cuenta que, por aquel entonces, Gagosian regaló a su socio y promotor de las carreras artísticas de Claes Oldenburg y Andy Warhol, entre otros, un reloj Patek Philippe valorado en 7.500 dólares. Este regalo tuvo una inmediata contrapartida: Castelli le presentó al obsesivo coleccionista Samuel Irving Newhouse, uno de sus mejores clientes. Muy poco después, en 1988, Gagosian se adjudicaba en la casa de subastas “Sotheby´s”, para su flamante cliente, un Jasper Johns (False Start) que se remató en 17 millones de dólares. En aquella emocionante subasta, el coleccionista estaba sentado al lado del marchante, dándole precisas instrucciones sobre el proceso de las pujas.

 Larry Gagosian, Leo Castelli y Charles Saatch.