29.7.10

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Objeto Museístico: La navaja Victorinox

Los astronautas de la NASA la usaron para reparar un horno reflector en el laboratorio espacial; un montañista del Monte Everest para salvar su vida; un médico canadiense para realizar amputaciones en Uganda, un carpintero para tallar 5 juegos de ajedrez y MacGyver para salvar a los buenos. Si señoras y señores, la cosa es clara, aquí de Victorinox se trata.

Símbolo de ingenio, fiabilidad y calidad, las navajas del ejército suizo encierran una historia llena de valores y experiencias digna de colección.

Dada la crisis económica y política que atravesaba Suiza, en 1891 el cuchillero Karl Elsener, hijo de un sombrerero, abrió un taller de cuchillería , en Ibach-Schwyz, una localidad de Suiza Central, con el objetivo de crear puestos de trabajo para sus compatriotas y fabricar una navaja especial para que los soldados pudieran abrir alimentos enlatados y desmontar rifles. Así pues, la primera actividad de la fábrica fue la creación de la "Navaja del Soldado", que incorporaba una cuchilla, un destornillador para el rifle, un abrelatas para los víveres y un sacabocados para las sillas y arneses de cuero. Actualmente sigue estando en uso entre los soldados suizos.

27.7.10

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Perfil Museístico: El asesino psicópata

Los asesinos andan sueltos, es cierto, pero no se sabe por dónde. Muchos ni siquiera saben que lo son. Aparecen repentinamente, como llegados de la nada, y cometen los más horrorosos crímenes sin razón aparente. La ciencia puede darnos muchas explicaciones para su conducta, pero ninguna cura.

En cualquier clase social puede haber uno. Una maestra, un gerente de empresa, un enfermero, un abogado o un almacenero pueden iniciar en cualquier momento una terrorífica carrera criminal. Terror que no tiene nada que ver con el que provocan los monstruos del cine, como Jason de la serie "Viernes 13", o el Freddy Krueger de "Pesadilla", sino que está más cercano al interesantísimo e inquietante doctor Hannibal Lecter, de la justamente aclamada "El silencio de los Inocentes", o al yuppie asesino Patrick Bateman, de la polémica "American Psycho". Bajo su aspecto normal y corriente, ocultan un monstruo mucho más temible que sus coetáneos de cara desfigurada y machete en mano.

Históricamente, asesinos múltiples los ha habido siempre; si retrocedemos al siglo XV, encontramos al noble francés Gilles de Rais, compañero de armas de Juana de Arco, famoso por su integridad y valor en el campo de batalla. Pero también famoso por su gran interés por la magia negra y la pederastía homosexual. Ello, junto con su sadismo, le hizo violar y asesinar a unos 50 niños, antes de ser descubierto y quemado en la hoguera. A finales del siguiente siglo, la condesa Transilvana Erzébet Bathory también recurría a la brujería para conservarse joven y bella eternamente. Ayudada por un grupo de fieles servidores, y desde la impunidad que le proporcionaba su alcurnia y el aislamiento de su castillo Csegé, hizo torturar y matar a más de 600 muchachas, en cuya sangre se bañaba después. Cuando fue detenida, su pertenencia a la nobleza la salvó de la hoguera, pero no de la prisión perpetua.Tenemos aquí 2 ejemplos de asesinato aristocrático, los casos de 2 personas que pudieron desarrollar sus instintos criminales a gran escala, gracias a su poder y posición social, eligiendo a sus víctimas de las clases más bajas de la sociedad.

22.7.10

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Personaje Museístico: El buscador de tesoros


A finales del siglo XIX moría en un asilo de beneficencia de Nueva York un ex millonario aventurero y romántico, cuya obsesión vital había sido buscar arcones repletos de oro, perlas y piedras preciosas en la isla de Cocos, en el Pacífico; la auténtica Isla del Tesoro. August Gissler dejaba este mundo en la más absoluta indigencia, sin haber logrado su propósito y con la mente trastornada. Gastó su fortuna y su vida en lo que él considero que lo merecía. Y todo por un extraño mensaje llegado a sus manos que, según la leyenda, contenía la clave de un tesoro maravilloso.

“Sigue el curso del río, setenta pasos hacia el interior de la isla – decía el documento-. Cuando te vuelvas hacia el norte, reconocerás una peña. A la altura de los hombros de una persona encontrarás una grieta. Habrás de introducir por ella una palanca de hierro. Entonces se abrirá ante ti una puerta excavada en aquella roca. Detrás de ella se encuentra escondido un magnífico tesoro”.

Gissler era muy rico, no necesitaba trabajar, y la pista que ofrecía este documento era tan atractiva como para dedicarle su vida y su dinero.
Quien hoy en día siga esa descripción puede verse cubierto de riquezas fabulosas, porque en este lugar esperan, según una antigua leyenda, más de 30 toneladas de oro y piedras preciosas, una estatua de la virgen de tamaño natural y los 12 apóstoles, gran cantidad de custodias y objetos eclesiásticos, además de 273 espadas, de oro macizo todas ella.