28.3.10

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Trastorno Museístico: El Estrés


Frente a situaciones de tensión, lamentablemente cada vez más asiduas, es común escuchar algunos conocidos y viejos consejos: ¡Pero cheee, no te amargues la vida!!!, ¡no te envenenes la sangre de esa forma!, ¡no pierdas la calma!...etc, etc, etc. Es que en el mundo frenético de hoy en día hay, desgraciadamente, muchas maneras de perder la paz, y sin embargo, en nuestro social refinamiento hemos llegado al extremo de inventar el permanente estado de impaciencia. Dejarse atrapar por él es entrar en la antesala, en el “avant premiere” del estrés desaforado, un desagradable compañero de viaje que ataca las capacidades de respuesta y adaptación del individuo a su entorno.


Pero ojo, no le echemos la culpa ni a las bacterias, ni a la gripe porcina, ni al chupacabras, ni a cualquier otro agente infeccioso de la aparición de este testarudo y obstinado enemigo; no son factores externos los que invaden el organismo para generar el desorden, claro que no. Son los propios mecanismos de defensa, respuesta y adaptación los que, al ser solicitados en exceso, terminan por no cumplir su misión, despojando a la persona de su más preciado norte, su identidad, como punto de referencia.

18.3.10

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Objeto Museístico: Revista Vogue

“Lo que veo con cierta frecuencia es que la gente le tiene miedo al mundo de la moda, y como les asusta y les hace sentirse inseguros intentan derribarlo. Esta industria de la moda es como una religión, y criticarla es una herejía. (Anna Wintour, editora general de la edición norteamericana de la revista Vogue).

Antiguo y Nuevo Testamento de la moda, no hay dama, señora, señorita, doña, doncella o consorte en el planeta Tierra que no la haya “ojeado” tan solo una vez. Destinada a una mujer extremadamente elegante, glamorosa, exitosa y, claro está, de alto poder adquisitivo, esta impoluta Biblia del rouge y los stilettos revaloriza, enaltece y “apetece” el fastuoso mundo del lujo y la exquisitez de una vida con estilo, clase, gusto y personalidad.

5.3.10

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Museo del Whisky

“Manhattan…con ese trago me embriagué tan rápida y eficazmente, allá por el año 1996, que después de eso, me hice adicta a la Coca-Cola”. La Museóloga.

Cuentan que el whisky llegó a Escocia en el siglo VI de la mano de San Colombán, un monje irlandés que atravesó el brumoso mar para convertir al cristianismo al rey de los pictos, tribu que poblaba las tierras altas de la isla de Gran Bretaña. Esta leyenda adjudica de un solo golpe a los habitantes de Irlanda, no solo el invento del “agua de la vida”, el usquebaugh gaélico, sino también la entrada de Escocia en el mundo cristiano. La leyenda, lógicamente, es irlandesa, como lo es también la que explica que los pictos fueron vencidos, algún tiempo después de la incursión evangélica del santo irlandés, por compatriotas de éste que les obsequiaron con una fiesta en la que corrió abundantemente el whisky. Cuando los escoceses estuvieron totalmente borrachos no hubo excesivos problemas para transportarlos al más allá.