23.2.10

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Personaje Museístico: El Hombre lobo

Una tarde de 1588, en una aldea de las montañas francesas de Auvergne, un cazador fue atacado por un lobo enorme, al que logró cortar una pata que guardó en su morral. Regresó al castillo de Nicolás de Barrioux y, al intentar mostrarle la singular pieza, extrajo una mano que llevaba una sortija de oro. El noble, reconociéndola como perteneciente a su esposa, fue en su búsqueda y comprobó que su mano había sido amputada, obligándola a confesar que era ella quien, transformada en loba, atacó al cazador.
El marido no tuvo compasión. La entregó a la justicia y fue quemada públicamente en Riom…
Al menos, así lo cuenta el juez Henri Boguet, de quien Voltaire asegura que condenó a muerte a más de 600 licántropos y brujos.

22.2.10

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Deporte Museístico: La Esgrima

De pelo blanco y ojos celestes, mirada triste e impecable porte, Diego, mi abuelo materno, fue un eximio esgrimista. Yo no lo conocí porque se fue temprano de este mundo.
Todo lo que mi abuelo supo del arte de la esgrima se lo enseñó a mamá. Ella practicaba junto a él todos los movimientos, todas las poses, todos los desplazamientos y todos los secretos. Esa fue una de las etapas más felices de la vida de mi abuelo, y de mamá también.
Mamá guardó como un tesoro los floretes y la careta de su padre. Yo cuando los miro colgados de la pared siento que ahí mismo está mi abuelito. Me pone feliz saber que encontró una forma de conocer a sus nietos.

Ciencia de armas, medio de educación, deporte o arte de recreo, la esgrima siempre aporta riqueza. Riqueza de una historia milenaria, de una técnica increíble y de resultados impecables.
La historia de este deporte es muy significativa. Describe la humanidad a través de la espada y nos cuenta las costumbres de la época en la cual se inscribe.
Más de 4 siglos antes de los Juegos Olímpicos de la Grecia antigua, un bajorrelieve del templo de Médinet-About en el Alto Egipto y construido por Ramsés III en 1190 a.C., evoca una competencia deportiva organizada por el faraón para celebrar su victoria contra los Libios.
Las armas – seguramente bastones con placas - tenían un botón formado por un abultamiento bien visible. Las manos estaban protegidas con una guardia parecida a la de un sable y algunos esgrimistas tenían la cara protegida con una careta cuya barbilla acolchonada, cubriendo las orejas, estaba agarrada a la peluca. El brazo no armado servía para parar y estaba protegido con una especie de escudo.
La traducción de los jeroglíficos nos revela que los adversarios se decían “¡¡¡En guardia y admira lo que va a hacer mi valiente mano!!!”, y que los espectadores apoyaban a sus favoritos gritando: “¡Avanza!”, o “¡Excelente combatiente!”. El vencedor saludaba con la mano y con su arma al faraón acompañado de su cortejo.

21.2.10

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El Conventillo Gourmet: El Caviar

Su precio es tan elevado que ha llegado a ser utilizado como moneda. Pocos países en el mundo tienen la suerte de producirlo. El caviar es el alimento más caro y delicado de la tierra.
Pocas personas en el mundo poseen la holgura económica como para hacer del caviar un componente habitual de su alimentación. El número de quienes han tenido ocasión de probarlo esporádicamente es algo mayor, pero aun son muchas las personas que sólo lo conocen por referencias. Su mismo nombre está asociado al lujo y al refinamiento. El caviar no es sólo 1 de los alimentos más apreciados por los gastrónomos: es también el más caro del mundo.
Muchos se preguntarán ¿cómo es posible que sea tan enormemente costoso un alimento cuyo proceso de elaboración es tan simple?. El caviar no es otra cosa que huevas de pescado, que se consumen prácticamente tal y como fueron extraídas del pez que las contenía. La elaboración de un exquisito jamón de Jabugo, por ejemplo, es bastante más larga y laboriosa que la empleada para preparar una latita de caviar.

18.2.10

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Objeto Museístico: El Marcapasos

El 12 de enero último fue un día gris, no sólo por la lluvia que se avecinaba, sino porque ese mismo día la internaron a mamá por un problema en su corazón.
Mujer fuerte si las hay, le dieron el alta médica 9 días después, pero su corazón seguía muy enfermo y al poco tiempo de estar en su casa tuvimos que llevarla nuevamente a la clínica. Mamá sufrió 5 paros cardíacos producto de arritmias malignas y las esperanzas de que sobreviviera eran escasas. Necesitaba un marcapasos con desfibrilador implantable de forma urgente.
El marcapasos tardó en llegar tan sólo un día (fuimos a la ciudad de La Plata para apurar el trámite con su obra social y finalmente se lo conseguimos). Ahora sé que no era la hora de que mamá nos dejara. Creo que Dios le dio una oportunidad para que pudiera conocer a sus nietos.

Hoy estoy cansada como nunca antes lo he estado. Me duelen las piernas de correr a los médicos, me duele la espalda por haber dormido en el pasillo de terapia intensiva, me duele el estomago por comer comida chatarra hace más de 1 mes seguido, me duelen los brazos, la cabeza, los pies, y me duele el alma por todo lo que tuvo que pasar mamá en estos últimos días. Sí, estoy muy cansada, pero feliz.

8.2.10

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Museo de la Corbata

¿Qué hubiera hecho Frank Sinatra sin su colección de 500 corbatas?, ¿y los Beatles?. Lo más probable es que, como a Sansón, que perdió su descomunal fuerza cuando le cortaron su frondosa cabellera, hubieran comenzado a perder la inspiración y, por consiguiente, no tendrían tantos éxitos en su haber. Y puede ser, porque no, que el mismísimo Pato Donald, Mickey Mouse o el cerdito Porky no se hubieran convertido en estrellas del celuloide si su padre y creador, Walt Disney, no les hubiese colocado los adorables corbatines de moño. Sencilla es la cosa.

Nuestra indumentaria habla por sí sola y su lenguaje trata de transmitir toda la información posible al usuario. Solía decir Balzac que “el espíritu de un hombre se adivina por su forma de llevar el bastón o de anudarse la corbata”. Efectivamente, nuestra forma de vestir se basa en códigos y convenciones.

De toda la vestimenta que conocemos, tal vez sea la corbata la prenda con mayor mensaje. De hecho, el citado Balzac opinaba que es la única que abriga la individualidad. Así como todo el mérito del sombrero, del traje o de unos mocasines es del sombrerero, modista o zapatero que los ha confeccionado, para la solitaria corbata no se dispone de ayuda. Uno queda frente a ella abandonado así mismo; y es a través del resultado que el portador se revela y manifiesta (por eso será que basta echar un vistazo a esa parte del cuerpo que une la cabeza al pecho para juzgar a un hombre).

Aún antes de que apareciera alguna forma arcaica de esta prenda, el ser humano ya sentía especial atracción por atarse algo al cuello. Eslabón entre cabeza y tronco, el cuello es la parte clave en nuestro organismo. Desde el ahorcamiento o la decapitación, al garrote vil o la guillotina, el cuello siempre ha sido lugar preferido para consumar el castigo.
Algunas veces con ánimo de protección, otras de ostentación y adorno, lo cierto es que la humanidad ha consentido y mimado sus cuellos desde la más temprana antigüedad (viajando por el tiempo los faraones del Antiguo Egipto envolvían sus cuellos con excesivos y opulentos collares metálicos. Siglos después, en la Edad Media, las personas se colgaban crucecitas en señal de protección espiritual del alma).

Bufandas o algo parecido para abrigarse del frío debieron, obviamente, existir siempre. Sin embargo, la primera representación de una prenda similar a una corbata no surge hasta la Roma imperial. En la famosa columna de Trajano aparecen legionarios con unas curiosas tiritas de aspecto muy moderno. Se sabe hoy que el focale romano se utilizaba tanto para abrigar al soldado del frío, como, mojados en agua, para refrescarlos del calor.
Caído en desuso con la invasión de los barbaros, el focale fue reemplazado durante la época medieval por cuellos-solapa, adheridos a la abertura de la camisa o escote de las prendas. Nacieron modestos y recatados en la corte de Borgoña, meca de la moda de aquel entonces, allá por el siglo XIII. Tiempo después, amenazados por las colosales y entalcadas pelucas que se ponían los distinguidos del momento, estos lazos fueron haciéndose cada vez más aparatosos. Metros y metros de encajes y puntillas venecianas o flamencas colgaban de los cortesanos cuellos, opacando al resto del vestuario.

Sensible al lujo y la elegancia, Voltaire fue el encargado de narrar el ingreso oficial de la corbata en la historia: “durante la batalla de Steinkerque (1692) los oficiales franceses llevaban unas corbatas de puntillas que se ajustaban con mucho trabajo y pérdida de tiempo”. Su uso, de todas formas, se remonta algunos decenios antes, cuando a mediados del siglo XVII son contratados por Francia los pandures -tropas mercenarias croatas de élite-, que acostumbraban a anudarse una tira al cuello como distintivo de su cuerpo.
Lanzada por los militares en Steinkerque, la moda de la corbata se extendió como una plaga en la corte de Versalles. El grado de refinamiento que alcanzó fue tal que Luis XV instauró el cargo de cravatier o portacorbatas cuyo trabajo consistía únicamente en dar a la corbata los toques magistrales.
El fin de la corbata pareció llegar con la Revolución Francesa. La guillotina no sólo había finiquitado los privilegios de la aristocracia, sino también toda prenda que destilara rancio linaje (sin embargo, esta moda sin la corbata duro poco. Cuanto más caía la hoja de la guillotina y hacía rodar cabezas, más se enlazaban los nudos de las corbatas. Danton, Robespierre, todos los caudillos de la Revolución se envolvieron hasta la barbilla en blanca muselina (al día de hoy no se sabe si fue un impulso inconsciente de proteger su cuello del terror de sus propias ejecuciones).
Apagados los últimos fuegos revolucionarios, una gran mayoría se lanzó de lleno a seguir las reglas de las modas más estrambóticas. Destacaron en Francia los incroyables (enmascarados en sus corbatas, los franceses se parecían más a una congregación de paranoicos por la fiebre porcina que a los distinguidos y respetables ciudadanos que pretendían ser).

Pero si le debemos a alguien su verdadera fama, es al primer dandy de la historia. Sofisticado, pedante y algo snob, el inglés George Bryan Brummell exageró diciendo que "la corbata es hombre" (la blancura de sus corbatines de cambray se hizo célebre en toda Europa; sus meticulosas lanzadas, admiradas, aplaudidas, elogiadas y hasta envidiadas.) A este dandy de los dandys y arbitro de la elegancia absoluta, también se le debe el empleo del almidón para que la suave y tersa muselina, o la seda, permanecieran siempre impecablemente rígidas bajo el mentón.

Las corbatas del extravagante inglés dejaron huella, hasta el punto de que su inclinación por el blanco abrió un debate, tan enconado como absurdo, pero que perduró durante varios decenios. Aficionados a los duelos, la sociedad quedó dividida en 2 bandos según el color que se ataran al cuello: conservadores y ciudadanos de más edad centraron sus preferencias en los paños blancos; patriotas, liberales y un nutrido grupo de artistas, como Chopin, Delacroix, Berlioz, Manzoni, Stendhal o Zorrilla, apostaron por el lazo negro.

Aunque reza la opinión popular que las corbatas las compran las mujeres para que se las pongan los hombres, la nueva mujer emancipada que surge en el siglo XX secuestra la prenda estrella por excelencia del vestuario masculino y eleva el accesorio a símbolo de su independencia e igualdad con el sexo opuesto. La audaz precursora de la moda encorbatada fue Louise de La Vallière, amante de Luis XIV, que ya en el siglo XVII se paseaba sin descaro luciendo una gran corbata al pecho. Tampoco Amandine Aurore Lucile Dupin, alías George Sand se recató un pelo. Vistiendo de hombre, con sombrero, corbata, bastón y puro, escandalizó a todos los puritanos de la sociedad decimonónica abonándole el terreno a las nuevas feministas.

Luego del furor de las enfervorizadas sufragistas, la corbata sigue su camino. Blanco de todas las miradas elegantes, se convierte en emblema de status, estilo y etiqueta. Desaparece el lazo alto y nace el corbatín largo y estrecho (según dicen, fueron los estudiantes jugadores de cricket de la universidad de Cambridge los que lo hicieron moda) y gana terreno el moño.
Ya en este siglo podemos ver el nudo four-in-hand y sobre todo el bautizado con el nombre de su elegante creador, el duque de Windsor, dan la vuelta al mundo.

La corbata ha sobrevivido. Ha aprendido a convivir con los nuevos productos de la época: coexiste con la Coca Cola, las Pringles, las Converse, las Gibson Les Paul y hasta con los Punks, que hoy lucen provocativas corbatas como expresión de rebeldía. Y sí, los tiempos han cambiado.
Tics y fetiches aparte, lo que es indiscutible es que durante muchos años la corbata en cuestión fue la única nota de color, ese touch de fantasía y “locura” en el aburrido atuendo masculino y aún es prenda inexcusable en aquellas ocasiones en que se ruega etiqueta.

Las corbatas vuelven como accesorio “top” en el vestir de nuestra acelerada y rabiosa actualidad, porque, como bien dijo Alejandro Dumas, "si dais la impresión de necesitar cualquier cosa no os darán nada; para hacer fortuna es preciso aparentar ser rico”.

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Si quieren saber aún más sobre la historia de estos lazos, pueden visitar el Museo de las Corbatas.
Este museo está ubicado en la ciudad de Deggendorf, en la baja Baviera Alemana y cuenta con una gran cantidad de corbatas que recorren toda las épocas y estilos(se podrán ver piezas desde las más antiguas a las más modernas teniendo especial relevancia aquellas que son más artísticas).
Un museo que, Dios y billete de por medio, me encantaría visitar.
Adieu!!.

4.2.10

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Marca Museística: El Rolls Royce

Coche aristócrata si los hay, desde que Rolls Royce presentó su primer vehículo en el Salón del Automóvil de Londres en 1906, esta firma ha sido nombre mágico en la industria de las 4 ruedas. Un mito hecho a golpe de fortuna, damas aladas, riqueza, ostentación y lujo, mucho lujo.
Leyenda de las leyendas, su historia sigue viva 100 años después.


Artistas, deportistas, estrellas de rock, magnates, reyes, Presidentes, han admirado la grandiosidad que siempre ha rodeado la mítica marca inglesa, y hay quien ha llegado a decir que debería tener una R más, debido a la cantidad de reyes que tienen un Rolls Royce (la reina Isabel II de Inglaterra ha sido la primera cabeza coronada de ese país en utilizar oficialmente los Rolls Royce. En ocasiones ceremoniales, la mítica diosa alada es sustituida por San Jorge matando al dragón, que es la mascota personal de su Majestad La Reina).

Digamos que la idea de construir un auto que, a la vez, fuera tan perfecto como sorprendentemente lujoso, sería el resultado del encuentro entre Henry Royce, el ingeniero minuciosamente perfeccionista, hijo de un molinero de Manchester, que había empezado a fabricar el mejor automóvil que circuló por las carreteras británicas de comienzos de siglo, y el distinguido Charles Rolls, aristocrático piloto de carreras y vendedor de automóviles, hijo de lord Llangatock, que estaba buscando un coche, hecho en Gran Bretaña, para venderlo en sus refinadas y elegantes tiendas de Londres.

Estos 2 hombres, con orígenes tan diferentes y talentos tan complementarios, se reunieron por primera vez el 4 de mayo de 1904 en un hotel de Manchester. De este modo nació el “Silver Ghost” (Espíritu plateado), un auto que dió origen a una legendaria serie de vehículos con la misma denominación que duró hasta 1925, para comenzar la no menos larga de los Phantom y que, lamentablemente, sólo estaba al alcance de las minorías privilegiadas. Pero, precisamente, la cuestión es que ahí nació su leyenda. Charles Rolls perdió la vida mientras realizaba una demostración aérea, 6 años después de su encuentro con Royce en Manchester, mientras que Henry Royce vivió hasta 1933 para fabricar no sólo una magnífica y única serie de autos, sino también un mito.

El proceso de fabricación de un Rolls Royce es todo un trabajo artesanal que requiere manos altamente calificadas; una artesanía pagada a precio de oro teniendo en cuenta la calidad de absolutamente todos y cada uno de sus componentes. La madera utilizada por estos expertos artesanos es de nogal y, una vez al año, expertos en la materia se desplazan por los bosques de California, EE.UU, para elegir y comprar los árboles más adecuados para su posterior manipulación y utilización.

Los trabajadores de esta empresa tienen a gala la perfección de su trabajo y todo está cuidadosamente pensado, diseñado, fabricado y montado. La tapicería, que desde ya no puede permanecer ajena a este complejo montaje, esta hecha con cuero que procede del remoto norte de Escandinavia, donde la relativa ausencia de plagas de insectos y alambres espinosos ayudan, en gran manera, a conseguir la calidad deseada e indiscutida. Se necesitan de 10 a 12 vacas para suministrar la escogida piel de los asientos, casi butacas de estos autos. Solamente una piel entre 500 se considera lo suficientemente buena para ser “la” elegida.
Otra de las características tradicionales de esta compañía es que prefieren guardar los detalles exactos de lo que hay bajo el capó de un Rolls para ellos mismos. Cualquiera que pregunte la potencia de su motor recibirá como respuesta esta educada y cortés, pero siempre evasiva, respuesta: “La suficiente, señor”.

Los signos externos mas particulares de este automóvil son el radiador y la mujer alada sobre el mismo que es el símbolo por excelencia de la marca. En los primeros coches, el radiador estaba coronado por un tapón redondo en el que figuraban las 2 erres, pero en 1911, Royce acudió a Charles Sykes, famosos escultor de la época, y le pidió que creara una figura para rematar el radiador. Sykes creó la célebre mujer alada que, para ir a tono con la leyenda del Rolls, representa el espíritu del éxtasis (parece ser que, después de realizar un viaje al sur de Inglaterra en un Rolls, el escultor quedó tan maravillado que pensó que únicamente una diosa debería posarse sobre la moldura griega de este coche).

La estatuilla y el radiador le dieron a los primeros Rolls y a sus sucesores una imagen de distinción que no ha sido superada y ambas partes se complementan de un modo tan perfectamente armonioso que un radiador del Rolls sin su espíritu del éxtasis parece un Adán totalmente desnudo (cada radiador esta hecho totalmente a mano y a ojo, sin ayuda de ningún tipo de instrumentos de medición. Están firmados, en su parte trasera, con las iniciales del artesano que lo hizo y la razón de esta firma es, esencialmente, práctica ya que si el radiador queda deteriorado en un accidente, siempre podrá encargarse de su reparación el que mejor lo conoce: su creador. De los 12 especialistas que se dedican a esta impecable tarea, no hay 2 que los hagan iguales, por lo tanto cada uno de ellos puede reconocer su propio trabajo al ver los coches en la carretera. No puedo olvidar de mencionar que las líneas del radiador están ligeramente arqueadas para lograr una apariencia rectilínea. Este mismo principio fue utilizado por Kalikrates para construir el Partenón).

El pueblo británico, está demás decirlo, se siente totalmente orgulloso de sus Rolls Royce. Los modelos de hoy en día (los que uno se encuentra por las calles de Londres) no difieren en mucho de sus antecesores ya que no se ha querido renunciar a ningún detalle que pueda disminuir el confort y la calidad. De ahí también que 6 de cada 10 autos construidos a lo largo de sus poco más de 100 años de existencia, sigan rodando y rodando en las actuales rutas de todo el mundo.

En fin, la imagen suprema del lujo y la excelencia hecha ruedas.
Adieu!!!.