28.1.10

9

votar

Personaje Museístico: El Caniche

Lugar por donde mire, están ellos. Blancos como la nieve, negros como el carbón, marrones como la madera, grises como el humo, y porque no, azules como el mar; estos elegantes y sofisticados cuadrúpedos son la atracción del momento. Damas y caballeros, ha nacido una nueva moda: Los caniches.

Algunos dicen que el estirado amigo es oriundo del país de los perfumes, Francia, pero otros, en cambio, dicen que el origen de esta raza se encuentra en el perro “Barbet” del Norte de África, que llegó a la Península Ibérica con los árabes, donde fue cruzado con el perro de aguas portugués. Después se extendió por toda Europa, donde se volvió muy popular, sobre todo entre la aristocracia de la época, de la mano de reyes como Luis XV y Luis XVI de Francia y personajes tan conocidos como Beethoven, Madame Pompadour y María Callas (igualmente, se han encontrado imágenes de caniches grabadas en tumbas romanas y en monedas griegas en el siglo XII). Sin embargo, dado que nadie ha podido demostrar el origen del Pudel, los historiadores han llegado a la conclusión de que, en lo referente a los Caniches modernos, la raza se originó probablemente en Alemania, Francia y Rusia simultáneamente.

En Alemania se los llama perros “Pudel” -pudel significa chapotear en agua- y tienen 2 tipos de pelaje, la rizada o lanuda y la encordada. Sin embargo, la variedad encordada fue de corta vida, pues mantener un pelaje que cuelga en centenares de largos cordones era demasiado difícil para cepillar, arreglar y mantener limpio. Además, cuando el pelaje encordado se mojaba, permanecía húmedo durante días. El Caniche ruso es más alto, más refinado, y de apariencia muy semejante a la de un galgo, mientras que los perros franceses –Chien Canne- tienen los huesos más delgados que los alemanes.

De la talla de Esther Williams, estos excelentes nadadores fueron destinados, en la Edad Media, para la caza de patos y ganzos. Por tal motivo, esta raza es también conocida como “perros acuáticos”. Precisamente es en está época cuando nace el corte de pelo que conocemos como Continental o corte León. Los dueños de caniches de caza le esquilaban el cuarto trasero y las patas para que el perro no enredara su pelos en las ramas, o algas, y de esta forma no se ahogará al intentar liberarse de ellas. El pecho se dejaba cubierto de pelo para proteger el aparato respiratorio del frió igual que los pompones de las patas para proteger las articulaciones. Hoy este corte es usado por criadores y amantes de la raza de todo el mundo, y es uno de los preferidos en competiciones y exhibiciones (las primeras referencias acerca de su corte de pelo datan de 1621, y las hizo Gervase Markham. De esta época también data un cuadro alemán en el que aparece un Caniche).

A partir del siglo XVI empezaron a maravillar a todos con su increíble inteligencia y belleza. De esta forma muchos fueron a parar a los circos, y otros, con mejor suerte, fueron pasados a la posteridad gracias a las pinturas de, por ejemplo, Goya y Durero.

Si me preguntaran cual es el mejor remedio para la soledad, sin dudarlo diría “un caniche”. ¿Por qué? sencillamente porque son niños que llenan la casa de felicidad.

Post dedicado a Wilson que hizo de nuestro hogar una familia, y a Frida que llena de amor a mi madre y a mi hermana todos los días de su vida.


Adieu!!.

26.1.10

14

votar

Costumbre Museística: El Baño

Cuando era niña era más fácil que me secuestraran los extraterrestres a que mi madre me sumergiera en la bañera.

Con el paso de los años fue amainando mi resistencia. Poco a poco dejé de huir despavorida del agua y el jabón. Y tal es así que pasó de ser una tortura china a uno de mis grandes placeres.

Pero, precisamente, no fue el placer lo que indujo a la humanidad a bañarse, sino el miedo. El hombre comprendió que el agua podía llegar a ser peligrosa para su cuerpo y de esta observación supuso que también lo sería para los malos espíritus. El baño fue en un principio, por lo tanto, como una conjura contra los demonios personales, aquellos que causaban daño al cuerpo o al alma.

Antiguamente se pensaba que cuando se limpiaba el cuerpo, el alma se contagiaba de blancura. Los sacerdotes egipcios, por tal motivo, se bañaban 2 veces durante el día y 2 durante la noche; los creyentes también debían hacerlo antes de pisar suelo sagrado. En Grecia sucedía algo parecido, pues cada vez que se quería consultar al oráculo tenían que bañarse cuidadosamente (digamos que se trataba de una relación entre el bienestar físico y espiritual). Posteriormente, los egipcios del nuevo imperio (apróximadamente1550 a.C.) se bañaban para refrescarse y descansar. Y los griegos siguieron su ejemplo, de forma que las clases altas instalaron en sus casas lujosas bañeras.

Roma, en un principio, no conservó los refinados rituales griegos. Con una mentalidad más práctica y menos hedonista, los romanos disponían de un cuarto reducido al lado de la cocina, con un baño pequeño donde se lavaban a diario los pies y los brazos, mientras que el cuerpo entero sólo cada 9 días. Las clases menos favorecidas se conformaban con meterse en el río. Se ha calculado que, en tiempos del esplendor, por la ciudad de Roma fluían más de mil millones de litros diarios de agua. La alta sociedad tenía además salas privadas para baños de vapor y sauna. A las termas acudían a bañarse todos los estratos sociales, del criado al emperador; llegaron a convertirse en el centro de reunión más importante de la ciudad. Las termas eran muy baratas o gratuitas y se construían para plasmar la idea de poder y grandeza del emperador. Una de las más famosas fueron las de Caracalla, con capacidad para 3.000 personas.

Con respecto al medioevo, los médicos prescribían a sus enfermos baños de calor para que sudaran y eliminaran toxinas; esta práctica se popularizó tanto que los baños medievales se convirtieron en una institución (tal es así que un acusado no podía ser entregado a la Justicia hasta que no hubiera finalizado su baño, e incluso, en algunas zonas, había que pagar al prisionero un baño al mes). Hacía mediados del siglo XVI empezó a estar mal visto acudir a estos lugares, ya que los ciudadanos aparentemente respetables los convirtieron en escenarios de sus orgías. En la baja Edad Media se solía ir a los baños a celebrar fiestas y conmemorar acontecimientos. De esta manera, la comida y la bebida entraron a formar parte del rito. Pero la “buena vida” de estos centros no duró demasiado; la peste y la sífilis fueron cerrando sus puertas progresivamente.

El siglo XX redescubrió el baño como un placer al alcance de cualquiera, gracias a las películas de Hollywood y sus fastuosas tinas llenas de burbujas. Las estrellas de los filmes debían vivir en un ambiente parecido al de la ficción y tenían en sus mansiones lujosos cuartos de baño, cuyas fotografías se publicaban en las revistas de actualidad.

En los últimos años estamos asistiendo al renacimiento de los baños en público y comunitarios. Los gimnasios y los institutos de belleza están incorporando cada vez más los baños de sales minerales para activar la circulación (conocidos ahora como “spa”).

En fin, el placer del baño empieza a ser rescatado y nos está devolviendo a las termas de Roma, porque, nos guste o no, nadie pero nadie ha conseguido escapar a su increíble encanto.

Adieu!!.

25.1.10

7

votar

Objeto Museístico: Los Cuernos

Son tributo de fuerza y poder en mitos y tradiciones, pero también de burla asociada a la infidelidad. Si señoras y señores, la cosa es clara, aquí de cuernos se trata.

De las tantas miles de especies de mamíferos (algo así como 4.000) que pululan por el planeta, son 160 las que, aproximadamente, lucen “madera del aire”, como bien dicen los poetas. La pregunta es: ¿qué misterio encierra esta metáfora tan poética?. El Diccionario Castellano editado en 1787 por el padre Esteban de Terreros y Pando nos aclara, por así decirlo, las dudas: “es una expresión comúnmente tenida para cosas serias, por locución más culta que la voz cuerno”. El diccionario también nos dice que el cuerno “es el apéndice óseo que tienen algunos animales como el toro, el ciervo, y, en general, los rumiantes, a cada lado de la frente” (un dato no menos interesante es el siguiente: cuerno, en griego, tiene las mismas letras que corona –KRN-; y en latín Cornu también es corona. La corona es cuerno).

Pero hay que ser justo con “la madera del aire”. No siempre ha sido, ni es, causa de mofa para los mamíferos, incluido los racionales, que la portan. Los cuernos representan, desde hace miles y miles de años, la potencia, la supremacía y el poder. Ellos adornaban los templos asiáticos, y en Egipto formaban parte del lenguaje jeroglífico para significar “lo que está por encima de la cabeza”, y por extensión “elevación, prestigio, gloria”.

El cuerno es también un emblema corriente de la vieja cultura china para referirse a la prosperidad y el progreso. Y la cosa acá no termina, porque Juan el Visionario, representó a Cristo en el Apocalipsis como un cordero degollado con 7 ojos- símbolos de su conocimiento- y 7 cuernos -estandartes de su poder-.

Hay cuernos de nacimiento, como los de la jirafas, los hay que brotan más tarde, y los hay que meten a espaldas nuestras. Unos son estacionarios y otros perennes. El reno los muda cada año. El toro nunca los pierde, a menos que se trague un paredón. Cuernos tienen bichos de tamaños y colores muy distintos. Los posee el enorme alce o el diminuto dic-dic, que no es un caramelo ni electrodoméstico, sino un simpático mamífero de 3 o 4 kilos, cuya hembra dice “dic-dic” cuando se encuentra asustada. Cada cual hace alarde, se jacta, o fanfarronea de lo que pude. Ni más ni menos.

Igual que las dentaduras, las cornamentas son, en la mayoría de los casos, saludables, según sea la alimentación del animal, o según el amor que se le tenga, o no, a la pareja. Los cuernos sirven para defenderse, para procurarse afecto, o para que la cabeza no se vaya a la Puna de Atacama. Son utilísimos. Valen igual para un roto que para un descosido. Instrumentos musicales, materia prima de la industria ornamental, símbolo entre los infinitos símbolos.

Algunos de los grandes coleccionistas de cuernos son los curanderos. Aquí y allá, con un cuerno y 3 piedritas “recogidas en un camino por donde pasó el Viático”, desaparece el mal de ojo. En Asturias, los entuertos o dolores de posparto se alivian colocando 3 cuernos debajo de la cama. En Valencia hay quien cura la ictericia quemando en una cáscara de huevo orina del enfermo mezclada con una cucharadita de polvo de cuerno de ciervo; y dicen que funciona... (para el enfermo, desde ya, porque el pobre ciervo no creo que piense lo mismo).

Ahora bien, creo que la pregunta que la mayoría nos estamos haciendo, o nos hicimos en algún momento de nuestra existencia, es: ¿por qué al engañado o la engañada se le dice cornudo?. El Diccionario de Símbolos dice lo siguiente; “Algunas interpretaciones desfavorables, demasiado al uso, del sentido de los cuernos derivan más bien del viejo símbolo del buey –castración, sacrificio, trabajo paciente-, aunque puede tratarse también de un caso de inversión simbólica. En efecto, en todas las tradiciones primitivas, los cuernos implican ideas de fuerza y poder” (es decir, que ese ofensivo, degradante y ultrajante par de mástiles que salen de la frente del cónyuge engañado podría simbolizar, de forma irónica y contraria, bravura y poderío). Otra versión dice que la expresión "poner los cuernos" tiene su origen en los vikingos. Sus Jefes podían escoger entre todas las mujeres jóvenes de su territorio a la que estimaran más conveniente para intimar. Cuando el Jefe hacia efectivo este derecho, en la puerta de la joven se colocaba una enorme cornamenta de alce, en señal de su presencia. Si por esas casualidades de la vida la mujer estaba casada, su marido mostraba felizmente a sus vecinos el adorno, orgulloso por la visita del Jefe a su humilde morada.

Cuernos de ayer, de hoy y de siempre. El cuerno sí que es casa corriente a la que cada día es enviada media humanidad. La madera del aire es un manantial zoológico, cultural y simbólico. Cuernos para el Diablo, que nunca llega a tener 7 porque esos son los poderes del Señor, y Lucifer es poderoso pero no tanto. Y cuernos para enriquecer la lengua. Para los españoles, por ejemplo, la cuernomanía llega a describir los bichos cornudos de tantas maneras que hay que ser filólogo para describirlas todas: corniabierto, corniapretado, cornigancho, cachicuerno…

La mezcolanza científica, conceptual, moral, estética y folklórica que se ha desarrollado a partir de la cornamenta es enorme. Pero con ensalada en la cabeza o no, lo que todos sabemos muy bien es lo que quiere decir el que señala a alguien con los dedos abiertos a modo de cuernos…

En fin, digamos que del cornudo podrá decirse cualquier cosa, menos que no tiene una “terraza nivelada”.

Adieu!.

23.1.10

9

votar

El Conventillo Gourmet: La Pasta Italiana

Las hay en forma de moñito, lazo, lámina, tirabuzón; de huevo, morrón, espinaca, sémola o rellena; con tomate, carne picada, crema, o aceite de oliva; en ensaladas o como único plato, la pasta, fresca o seca, admite miles de combinaciones y aderezos. Y, para colmo de bondades, la Organización Mundial de la Salud y los nutricionistas no cesan de elogiarla al resaltar su alto valor nutritivo y bajo porcentaje en calorías. ¿Hay que agregar alguna otra razón que justifique por qué el mundo entero parece dispuesto a incluir en su gastronomía 1 de los emblemas de Italia?.

Si indagamos en el origen de esta famosa pasta, los historiadores no se ponen para nada de acuerdo. Algunos dicen que fueron los etruscos que poblaron la tierra italiana varios siglos antes de Cristo. En un bajorrelieve de una tumba etrusca situada en las cercanías de Roma, que data del siglo III antes de Cristo, se encontró un rodillo para elaborar pasta y un cortapastas parecido al que, actualmente, se recortan las deliciosas lasañas y exquisitos ravioles (esto me recuerda a la “Pastalinda” que le regalé a mi madre cuando cobré mi primer sueldo trabajando en un museo Municipal).

Platina, prefecto de la Biblioteca del Vaticano, escribió en el siglo XII que los macarrones con queso eran una herencia proveniente de las cocinas de Génova y Nápoles. En un libro titulado "Olla Cocinera", del siglo XIII, se determinó que la lasaña se comía como tira de pasta en caldos enriquecidos. El autor de dicho libro era un marino. Todas estas pruebas le han quitado a China el lugar de origen de la pasta, sobre todo por que varios investigadores aseguran que Marco Polo nunca comentó, en su “libro de viajero”, sobre la pasta; ni que fue el primero en llevar, de China a Italia, fideos y tallarines.

Pero si hay algo que abunda, además de la harina y los huevos, son las anécdotas que se tejen a su alrededor. En la época de César Augusto, cuando Roma ya rondaba el millón y medio de habitantes y comenzaron los problemas de abastecimiento, las familias idearon un modo de manipular el trigo para impedir que se estropeara con el almacenamiento. Resultó tan fácil como moler, amasar la harina, enrollarla en láminas finas y dejarla secar al brillante sol. Este novedoso y sencillo sistema permitía conservar el alimento al menos durante un año. Mientras, en las cocinas de los nobles y pudientes, la pasta que se consumía era fresca. Hubo que esperar hasta el siglo XIX para ver cómo la pasta seca era signo de distinción en las mesas de los personajes más ilustres de Europa (existe un legado de 1279 en el que un soldado genovés incluye en su testamento un “Bariletto pieno di mascheroni” -barrilito de macarrones-).

Otra anécdota cuenta que cuando un chambelán (noble que acompañaba y servía al rey) de Fernando II inventó, a mediado del siglo XIX, una suerte de tenedor con 2 pares de dientes, las clases más refinadas empezaron así a consumir esta pasta sin ningún tipo de pudor. También se dice que Garibaldi, para celebrar el desembarco de “Los Mil” en Marsal, obsequió a sus soldados suculentas raciones de spaguettis con atún. O la promesa de macarrones que hizo Napoleón a su exhausta tropa, formada en parte por hombres de Nápoles.

Desde entonces, el furor por la enharinada y riquísima pasta continúa y, por lo que se ve, va en ascenso. Hace pocos años, la UNIPI (Unione Industriali Pastai Italiani) realizó una encuesta sobre el concepto de identidad italiana para los turistas. La sorpresa fue grande: ni Gianni Versace, ni Miguel Ángel, ni Luciano Pavarotti, ni el futbol, ni siquiera la Ferrari. El verdadero emblema de su país resultó ser la pasta.

Siguiendo la hermosa rutina de los sábados de comida "internacional", fuimos con Mariano al supermercado y compramos unos “Tagliatelle Paglia e Fieno”. A continuación paso a contarles un poco sobre esta pasta.

Las palabras Plagia e Fieno se pueden traducir al español como “Paja y Heno”. En el blog “El fogón de Polo”, Leopoldo nos cuenta que cuando se combina un plato de pasta amarilla (sólo de huevo) que se asemeja a la paja, y pasta verde (de espinacas) que se asemeja al heno, al prepararlas y servirlas juntas se les llama Paglia e Fieno o "Paja y Heno”. Por lo tanto nos estamos refiriendo a un tipo o clase de pasta y no a un plato en si mismo.

El origen de la pasta Paglia e Fieno es discutido, unos dicen que tuvo su origen en algún restaurante de la Vía Veneto, en Roma, otros afirman que fue en la ciudad de Parma, en donde es considerado un plato típico regional.

Sin importarnos el terrible calor veraniego, hoy nos dispondremos a degustar esta pasta acompañada de una deliciosa salsa de tomate y albahaca (de mi propia huerta, o mejor dicho, de mi propia plantita) y mucho queso rayado. Queridos lectores, se aceptan recetas de todo tipo.

Bon appétit!!!.

Y como siempre…Adieu!.

22.1.10

15

votar

Personaje Museístico: El Eunuco

No hace mucho, aún se podía encontrar un cantante de ópera italiano, un guardián de harén chino y un general turco con algo en común: todos ellos habían sido castrados (y aunque cueste creerlo, la amputación de genitales se sigue practicando en nuestros días).

Kiran es un jovén de la casta de los Brahamanes, una de las más elevadas de la India. Hace algunos años abandonó su hogar en Bombay y se trasladó a Nueva Delhi, con la sola intención de conocer la capital. Para ahorrarse el dinero que le costaría el hotel aceptó la invitación de un simpático muchacho que le ofreció alojamiento gratuito en la comunidad de los Hidschra. Al poco tiempo de estar allí lo venció un pesado sueño que más tarde se convertiría en pesadilla al recuperar el conocimiento: había sido castrado por una de las pocas comunidades de eunucos que aún perduran en el mundo.

Este suceso, propio de los pueblos primitivos, es sin embargo historia reciente en algunos países del globo donde todavía no se ha erradicado la práctica de la castración (no sólo los pueblos conquistados castraban a sus enemigos vencidos, también en medicina se consideraba que tal remedio era la forma más eficaz de combatir la masturbación; o el modo ideal, para empresarios del mundo del espectáculo, de conseguir voces para el “bel canto”. En la civilización romana las comadronas se servían de esclavos desposeídos de sus atributos masculinos para procurarse placer sin miedo a molestos embarazos y hasta cristianos de sectas muy puritanas han visto en la castración asumida una perfecta forma de contricción. Y es que el robar al hombre uno de sus más preciados dones ha sido hábito practicado desde los albores de las civilizaciones, cuando la sociedad matriarcal perdió su hegemonía en beneficio de la patriarcal, y era aplicado principalmente para someter, amansar y moldear al ser humano).

Desde mucho tiempo atrás, las distintas culturas han perpetuado el mito de la potencia sexual masculina. En muchas ocasiones, los atributos sexuales del hombre tuvieron mejor consideración que su propia personalidad. El tamaño y la potencia han sido obsesión permanente en muchas sociedades; el saber popular está repleto de referencias que menosprecian las medidas no gigantescas y el “no portarse como un hombre” en las relaciones eróticas. Por ese motivo, en muchas civilizaciones, se ha utilizado la castración como forma de ridiculizar al hombre y anularlo como persona. A ese ser castrado, “ni hombre ni mujer”, se le ha denominado desde siempre eunuco, palabra de origen griego cuya traducción literaria sería “guardián del lecho”.

Cuenta una leyenda que la emperatriz asiria Semiramis fue la primera castradora de hombres de la historia. Esta reina de Babilonia mandaba a castrar a sus amantes después de disponer de ellos, con la perversa intención de que no disfrutasen de sus elegidos las otras mujeres. Por otro lado, fuera de las connotaciones de la leyenda, a Semiramis se le acusa de también de genocidio por castrar durante su mandato a todos los enfermos o minusválidos para que no degenerasen la raza. Pero hay otras teorías sobre el origen de la institución del eunuco.

Para algunos, el eunuco proviene de la antigua Mesopotamia, aunque también civilizaciones como la egipcia, persa, etíope y china parece que practicaban la castración para someter a sus enemigos (esta crueldad era tal que el sultán selyucida Key Coubat I ha pasado tristemente a la historia por recoger los órganos masculinos de 30.000 enemigos, y con ellos hacerse 300 tiendas de campaña).

Pero aparte de estas anécdotas un tanto morbosas, otras fuentes nos hablan de que el origen de esta singular amputación se sitúa en Egipto y que de allí parsó a los imperios antes citados (hay tumbas egipcias que se remontan a 4500 años antes de Cristo en las que se ven imágenes de bailarinas custodiadas por eunucos).

Siguiendo con este conflictivo origen, el historiador griego Herodoto afirmaba que fueron los primeros en procurarse eunucos por otros motivos fuera de los puramente vengativos o religiosos. Jenofonte es más detallista: “El emperador Ciro observó que los eunucos eran los más fieles servidores, al no poseer ningún vinculo afectivo; tal era su confianza que decidió rodearse de un gran número de ellos para salvar su vida. La paradoja fue que murió en manos de un eunuco”. También durante este período comenzó la costumbre de seleccionar a los más bellos efebos del enemigo, castrarlos y utilizarlos como objeto de placer (en Roma el eunuco tenía la exclusiva función de procurar placer con su cuerpo. En las cortes de los emperadores Giordano III, Constancio, Honorio y Arcadio fueron una plaga, ya que se los utilizaba en las prácticas sexuales más perversas).

En el Islam la institución del eunuco surge de la necesidad de proveer vigilancia a los serrallos, grupo social oriental similar a la familia en Occidente, pero basados en la poligamia. Los esclavos castrados eran más valorados que los otros. Aún hoy en día persiste esta distinción en el mundo musulmán.

A pesar de los nuevos valores proclamados por el cristianismo, esta tradición ancestral se siguió manteniendo durante siglos. Al tener las mujeres prohibido cantar en las iglesias, el puritanismo y fanatismo de los cristianos hizo castrar a miles de adolescentes cantores. Todavía a principios del siglo XX sonaban las voces delicadas de los niños capados de la Capilla Sixtina. Pero esta vinculación entre el canto y la castración no sólo fue utilizada por la iglesia. Los “castrati” fueron voces muy populares en el mundo del bel canto, encontrándose en la vieja discografía orondos señores dueños de una perfecta voz infantil (tampoco han permanecido libres de sospecha los famosos “Niños Cantores de Viena”, con cuya supuesta castración se ha especulado durante años).

Aunque la castración continúa siendo un fantasma para el hombre actual, la historia certifica, a veces con certeza, otras con conjeturas, que muchos personajes que han regido los destinos del mundo han sufrido en carne propia tan terrible mutilación (esto que menciono es sólo para concluir con este post y darle un corte total al asunto).

Adieu!!.

18.1.10

11

votar

El Conventillo "Varieté": La fórmula de la Coca Cola

Hoy hizo mucho pero mucho calor y por tal motivo me tiré a la encantadora pileta “pelopincho” (en realidad marca “tiburoncito”) que tiene mi madre en su casa. Acompañé la ocasión con la infaltable, y bien helada, Coca Cola. Nada más refrescante que ese instante de chapuzones y burbujas azucaradas en un cuerpo tan acalorado como el mío.

Gaseosa nº1 por excelencia, la Coca Cola posee infinidad de leyendas. Creada en 1885 por John Pemberton en la farmacia “Jacobs” de la ciudad de Atlanta, Georgia, la fórmula exacta de esta bebida es uno de los secretos (comerciales) mejor guardados del planeta y de ahí la leyenda urbana que a continuación paso a contarles:

Sólo 2 personas de la compañía, que tienen prohibido viajar juntos por si ocurre un accidente, la conocen (cuando una muere, la otra decide quién será su sucesor). Tan secreta es la fórmula que ni siquiera se conoce la identidad de los 2 “iniciados”.

Sin embargo, sofisticados métodos de análisis químico, como la cromatografía de gases, han permitido develar en parte su composición y el sistema para su elaboración. De hecho se han conseguido producir imitaciones bastante fieles de la popular bebida. El 99 por ciento de la Coca Cola no es más que agua carbonatada con azúcar, mientras que el 1 por ciento restante corresponde a multitud de ingredientes cuidadosamente dosificados: sirope de caramelo (colorante), cafeína (estimulante) ácido fosfórico (acidificante), glicerina (conservante), extracto de vainilla (espesante), hojas de coca descocainificadas y extracto de nueces de cola (sustancias que ya incluía la fórmula original de 1886 yque dan nombre al producto, aunque en las proporciones actuales son prácticamente indetectables). El último componente, responsable de su sabor tan característico, está constituido por una selección de aceites naturales destilados (limón, naranja, lima, nuez moscada, lavanda y muchos otros más), además del ingrediente 7X, el más misterioso de todos y que todavía no ha podido ser descubierto.

En fin, si alguien quiere develar el misterio, bienvenido sea!!.

Adieu!.

11.1.10

13

votar

Fenómeno Museístico: La Fama

Mick Jagger, Leonel Messi, Madonna y el Papa, ¿qué tienen en común estos personajes?. La respuesta es más que obvia: ninguno de ellos podría pasar inadvertido si paseara por una calle. Son famosos, cada uno de un modo distinto y por motivos diversos. Pero todos comparten esa cualidad, la fama, presente desde que el mundo es mundo, pero que en las últimas décadas parece haber alcanzado dimensiones casi incontrolables y desquiciadas a medida que aumentaba la influencia de los medios encargados de transmitirla.

La fama es, según el diccionario de la Real Academia Española, “opinión que la gente tiene de la excelencia de un sujeto en su profesión o arte”, digamos que esta definición, en este caso, no es de gran ayuda.
El periodista español Juan Cruz, autor del libro “El peso de la fama”, en donde 20 personajes conocidos hablan de los pros y los contras de la popularidad, dice que la fama “es algo que unos buscan desesperadamente, otros la encuentran, a otros les llega…pero que nadie la rechaza”.
Por otra parte, Leo Braudy, profesor de la Universidad de California del Sur y uno de los principales analistas de la fama en EE.UU. la define como “el lado público de la persona, la manera en la que aparecemos a los ojos de otra gente y el esfuerzo que hacemos para ser más conocidos a sus ojos que a los nuestros”. Braudy dice que la fama puede crecer o desarrollarse de muchas formas: “Depende del sistema político, de los medios de comunicación disponibles y de la idea de cultura sobre lo que es una persona perfecta”. Esto último es una excelente explicación de la fascinación que la fama provoca en nosotros, ya que si hay algo que muchos famosos comparten es la de aparecer a nuestros ojos como seres envidiables: atractivos (casi todos), millonarios (en su gran mayoría) y entregados a una vida llena de excitación, adrenalina y glamour muy alejada de la rutina de los millones de personas que los admiran.

El apogeo de la fama está íntimamente relacionado con los medios de comunicación, por lo cual, ante de que estos aparecieran, la fama llegaba -o se buscaba- por otras vías, y siempre estaba asociada con alcanzar la posteridad.
Con el tiempo, esta idea permaneció mientras que los diarios, el cine y la televisión se convertían en la herramienta perfecta para que las celebridades disfrutaran de su reconocimiento público; la fama aparecía entonces como una feliz consecuencia de haber alcanzado el éxito en determinadas actividades, como la política, el deporte, el arte o el espectáculo.
Sin embargo, en la actualidad, la fama se convirtió en un fin en sí mismo, con un gran número de personas que tienen como único objetivo ser famoso, aunque sea “sin mérito ni oficio”.

Hoy por hoy podemos afirmar que nunca antes hubo tantos famosos como ahora. Pero destacarse en alguna profesión no implica la llegada instantánea de la popularidad: la fama es para el que la trabaja.
Un famoso existe porque hay gente que no sólo sigue su trayectoria en el terreno de juego, compra sus libros o ve sus películas, sino porque se interesa y necesita saber de ellos más que por su obra.

La fama nace con los medios de comunicación, es cierto, pero eso no significa que el concepto no existiera en la Antigüedad. Era un concepto distinto que se valía de medios de comunicación también diferentes, más primitivos, más directos y mucho más jerarquizados. Sin excepción, estaban en manos de los poderosos, que los utilizaban para asegurarse la extensión de su propia fama. Los historiadores de la comunicación Asa Briggs y Peter Burke hablan de las estatuas como forma de comunicación y propaganda en el mundo antiguo, particularmente en la Roma de Augusto (esta era la mejor manera que tenían los emperadores de hacerse reconocer por su pueblo y de perdurar en su memoria). Alejandro Magno (siglo IV a.C.) fue el primero en utilizar el dinero como vía de autopromoción, acuñando monedas con su efigie en los territorios que conquistaba. También fue uno de los precursores en una práctica actual: ennoblecía su linaje creando una genealogía que lo ligaba directamente al héroe griego Aquiles. Pero los emperadores no eran los únicos personajes de la Antigüedad que gozaban del fervor de las masas: en la Grecia clásica esto era compartido por los atletas, especialmente por los vencedores en los Juegos Olímpicos, que alcanzaban automáticamente un estatus de celebridad hasta el punto que cuando regresaban a su ciudad natal se demolía una parte de la muralla para que pudieran entrar por un camino distinto del de los mortales comunes.

Cada época y cultura tendían a convertir en famosos a un tipo de gente determinada: Antes de la Cristiandad eran principalmente guerreros, políticos y atletas, con algunos filósofos y escritores ejemplares. Pero con el cristianismo, la fama de los santos y las personas que llevaban vidas espirituales se convirtió en un rival para las ideas grecorromanas de la fama. El monopolio de temas religiosos que acaparó buena parte del arte europeo durante los primeros siglos del cristianismo no deja dudas sobre cuál era el poder dominante, interesado en crear sus propias leyendas.
Pero fue la llegada de la imprenta lo que comenzó a sentar las bases de las nuevas vías de difusión de la fama, cuando la imagen y la palabra hablada dejaron de ser las únicas vías de comunicación. Por ejemplo en Inglaterra comenzó lo que todavía hoy sigue siendo uno de los elementos transmisores de fama: la caricatura, en un principio transmitida en forma de grabados y centrada en políticos relevantes de la época como Charles James Fox o el mismísimo príncipe de Gales.
La aparición de la fotografía fue el paso definitivo a la hora de otorgar a las personalidades un rostro reconocible, y no tardaron en aparecer quienes la utilizaron ventajosamente: Abraham Lincoln fue el primer presidente de EE.UU. en utilizar su fotografía en los carteles electorales, y por lo tanto, también el primero cuyo rostro fue conocido por todos sus ciudadanos.

Pero lo que disparó verdaderamente la fama fue la prensa escrita. El creciente auge de publicaciones periódicas en Europa y EE.UU. hizo algo más que aumentar los hábitos de lectura: hizo que leer sobre la vida y milagros de personas que uno desconocía se convirtiera en una experiencia cotidiana.

Hoy por hoy, todo parece indicar que vamos en camino a que el poco y nada glamoroso mundo del anonimato sea un castigo para los que, por elección o mala repartija, no pertenezcamos a esta aclamada y embelezada “elite”.

En fin…si me dan a elegir prefiero seguir siendo una marginal heterodoxa que disfruta del anonimato blogueril, pero igualmente, escucho ofertas!.

Adieu!!!.