29.12.09

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Costumbre Museística: Las Cábalas de Fin de Año

¿Ropa interior al revés o amarilla?, ¿uvas, lentejas o corvinas?, ¿encender velas o lavarse las manos con champaña?. Hay cábalas para todos los gustos y, aunque muchos digan que es una tontería, llegadas las 12, más de uno salta con el pie derecho, quema algún muñeco viejo, aparece con maletas o se pone a subir y bajar escaleras como un loco.

La celebración del Año Nuevo es una de las más antiguas y universales de las festividades. Hace aproximadamente 4.000 años atrás, los babilonios fueron los primeros en convertir el Año Nuevo en un ciclo festivo que duraba 11 días y que se celebraba al comienzo de la primavera.

Los egipcios celebraban el fin del año con el comienzo de la crecida del río Nilo y la preparación de las tierras para la siembra, mientras que los romanos también hacían coincidir la celebración con la llegada de la primavera y lo festejaban el 25 de marzo.Pero fue el emperador Julio César el que cambió la fecha al primero de enero, primer día del mes dedicado al Dios Jano. Esto fue confirmado en las adaptaciones que hizo el Papa Gregorio XIII, y es el calendario que rige en nuestros días.

La noche que nos traspasa al siguiente año está llena de cábalas y supersticiones que tienen que ver con buenos augurios para el año que comienza.

- La tradición de las 12 uvas: en el sitio que ocupa cada comensal se coloca previamente un pequeño frutero con 12 uvas y, de acuerdo con el ritual, se debe comer una uva por cada una de las 12 campanadas del reloj. Idealmente seis verdes y seis moradas. De esta forma, los anhelos y aspiraciones se hacen realidad... por lo menos es lo que dicen (esta costumbre empezó en Alicante, España, en la Noche Vieja de 1909. Al parecer, ese año, las cosechas de uvas de los vinicultores fueron enormes y tuvieron unos grandes excedentes, por lo que tuvieron que ingeniárselas para no desaprovechar todas las uvas que les sobraban. Como tirarlas resultaba algo poco beneficioso para ellos, decidieron propagar un rumor, o leyenda urbana, entre los vecinos de la región, que decía que comer una uva por cada una de las 12 campanadas de fin de año les traería buena suerte. Tanto se propagó este rumor, que años más tarde toda España adoptó esta ‘costumbre’ que hasta hoy en día que se sigue realizando).
- Sentarse y volverse a parar con cada una de las doce campanadas: trae matrimonio.
- Recibir el año nuevo con dinero dentro de los zapatos: trae prosperidad económica.

- Para tener mucha ropa nueva: la noche del 31 debes usar la ropa interior al revés.
- Poner un anillo de oro en la copa de champaña con la que se hará el brindis: te asegurarás que no falte el dinero.
- Cocinar una corvina sin quitarle las escamas: para asegurarse un buen pasar económico (quien la coma tendrá tanta plata como escamas haya comido. Por supuesto, según lo que dicen).

- Encender velas de colores: las azules traen la paz; las amarillas, abundancia; las rojas, pasión; las verdes, salud; las blancas, claridad, y las naranjas, inteligencia.
- Repetir en voz alta o mentalmente la frase "Voy a ser feliz este año" junto a los doce campanadas.
- Si se sale a la calle, tratar que la primera persona que se vea sea joven, ya que mientras menor sea, mayor será la felicidad.
- Sacar las maletas a la puerta de la casa para tener muchos viajes el año que comienza. Mejor aún es dar la vuelta a la manzana arrastrando las maletas.
- Usar ropa interior amarilla la noche de fin de año, para asegurar felicidad y buenos momentos (mejor usarla al revés y cambiarla al derecho despues de medianoche. Mucho mejor si los calzones son regalados).

- Comer una cucharada de lentejas (cocidas) dentro de los primeros minutos del nuevo año para tener prosperidad.
-Lavarse las manos con champaña y azúcar: para tener dinero (a las 12 de la noche, se meten las manos a una fuente con azúcar. Luego se lavan con champaña).
-Repartir espigas de trigo: símbolo de la abundancia. Lo ideal es repartirlas entre todos los asistentes (las deben tener en las manos justo a la medianoche) y tambien esparcirlas por la casa.

-Quemar al muñeco "viejo" para desprenderse de las cosas malas del año que termina. Es necesario hacer un muñeco con la ropa vieja. Si se quiere, se le puede poner en el bolsillo una lista con todas las cosas malas del año que quieren eliminarse. Se debe poner en un lugar sin riesgos de incendio. A medianoche se le prende fuego.

En fin, yo me quedo con las “12 uvas de la suerte”.


Gracias por acompañarnos.

MUY FELIZ Y PROSPERO AÑO NUEVO PARA TODOS!!!!.



El Conventillo.

21.12.09

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Personaje Museístico: Papá Noel

¿Quién de niño no ha soñado con que llegue Papá Noel por la chimenea, o en su defecto toque el timbre, vestido con su traje rojo y blanco, su tupida barba blanca y su inconfundible y tan sonoro jo jo jo jo?.

Algunos niños le escriben extensas cartas, otros le cuelgan grandes medias en la chimenea o en la pared y otros, incluso, lo esperan con galletas de chocolate y un vaso de leche.
Si cerramos los ojos por un instante y pensamos en Papá Noel, inmediatamente nos transportaremos al frío Polo Norte y veremos, en nuestra mente, una enorme fabrica de juguetes y regalos listos para que “Santa” los reparta en su trineo volador con sus famosos y mágicos renos.
Lamentablemente, Santa no tiene su “sede” en el Polo Norte. Digamos que su historia derivó de San Nicolás, un obispo turco que vivió en el siglo IV d.C. que se distinguió por su generosidad y amor hacia los niños.

Nicolás de Mira nació en Patara de Licia, una antigua provincia del Asia Menor que hoy corresponde a Turquía. Desde niño se caracterizó por su generosidad ya que todo lo que tenía lo repartía entre los pobres (Nicolás le decía a sus padres: “Sería un pecado no repartir mucho, siendo que Dios nos ha dado tanto”).
Desde joven sintió la vocación por convertirse en obispo, como su tío materno, debatiéndose entre su ideal y el anhelo de su padre de que siguiera sus pasos como comerciante.
Debido a la epidemia de peste que azotó la ciudad, los padres de Nicolás murierón, y este quedó como unico heredero de una inmensa fortuna, la cual repartió entre los pobres y enfermos del pueblo.
Nicolás se recluyó en un monasterio y después de un tiempo visitó la Tierra Santa donde vivió y murió Jesús. Al volver de ese viaje fue a la ciudad de Mira (en Turquía), donde los obispos y sacerdotes estaban en el templo discutiendo a quién deberían elegir como nuevo obispo de la ciudad, porque el anterior, justamente el tío de Nicolás, había muerto. Luego de debatir por muchas horas, los sacerdotes dijeron: “Elegiremos al próximo sacerdote que entre al templo”. Y en ese momento, sin saber esto, entró Nicolás y por aclamación de todos fue elegido obispo. De ahí en adelante el nombre de San Nicolás se extendería por toda la región llegando a traspasar fronteras y permanecer en el tiempo.

A San Nicolás se le atribuyen muchas historias y milagros relacionados con los niños, los pobres y los marineros. Por ejemplo, su fama de repartidor de regalos se basa en la historia que cuenta que un empobrecido padre de 3 hijas, no podía casarlas por no tener la dote necesaria; enterado de esto, Nicolás le entregó una bolsa llena de monedas de oro a cada una de ellas (se cuenta que todo esto fue hecho en secreto por el sacerdote quien entraba por una ventana y ponía la bolsa de oro dentro de los calcetines de las niñas, que colgaban sobre la chimenea para secarlos). La relación que tiene con los niños nace de la historia que indica que un criminal hirió a cuchilladas a varios de ellos, y el santo, al rezar por los pequeños, obtuvo su curación instantánea. También fue nombrado Patrono de los marineros porque, según otra historia, estando ellos en medio de una gran tempestad en altamar empezaron a decir: “Oh, Dios, por las oraciones de nuestro buen obispo Nicolás, sálvanos”, y fue en ese momento cuando vieron aparecer sobre el barco la figura de San Nicolás, el cual bendijo las aguas y las tranquilizó inmediatamente (a partir de esto, los marineros del mar Egeo y los del Jónico tienen una “estrella de San Nicolás” y se desean buen viaje con estas palabras: “Que San Nicolás lleve tu timón”).

Después de su muerte, el 6 de diciembre del año 345, la devoción hacia Nicolás creció de tal forma que se convirtió en el patrón de niños, marineros, mercantes, panaderos y viajeros (en Constantinopla -Estambul actual- y en Rusia se construyeron iglesias dedicadas a su nombre y llegó a convertirse en el patrono de lugares como Campen, Holanda; Nápoles y Sicilia en Italia; Freiburg en Suiza y también de ciudades en Alemania, Austria, Bélgica y Rusia). En 1087 sus restos fueron llevados a Bari, en la costa adriática de Italia, de allí que en occidente se le conoce, también, como San Nicolás de Bari.

Con el pasar de los años, la imagen de San Nicolás se fue transformando gracias a la imaginación de varios personajes.
La cruz de su pecho desapareció; sus accesorios de obispo fueron remplazados por el famoso traje rojo y blanco, las botas y cinturón negro y el infaltable gorro rojo.
Todo comenzó hacia 1624 cuando inmigrantes holandeses llegaron al territorio americano y fundaron la ciudad de Nueva Amsterdam, más tarde llamada Nueva York. Allí erigieron una imagen de San Nicolás e hicieron todo lo posible por mantener su culto y sus tradiciones. Su devoción por “Sinterklaas” o “Sinter Klaas” (de ahí Santa Claus) era tan arraigada y pintoresca que escritores americanos empezaron a escribir sobre este personaje.
El primero en hacerlo fue Washington Irving, que en 1809 publicó “La historia de Nueva York según Knickerbocker”, donde describió cómo San Nicolás se convirtió en un hombre mayor, generoso y sonriente, que vestido con sombrero de alas, calzón y pipa se dedicó a arrojar regalos por las chimeneas. Irving llamó a este personaje el “guardián de Nueva York”, lo que hizo que ganara popularidad entre los norteamericanos.

Posteriormente aparecería un poema titulado “Una visita de San Nicolás”, publicado en 1823 por el periódico “El Centinela”, de Nueva York, que contribuyó a la evolución de los rasgos típicos del personaje (San Nicolás aparecía sobre un trineo tirado por renos y adornado con campanillas. Su aspecto adquirió rasgos de los gnomos, su estatura se hizo más baja y ganó peso). A esas alturas era tal su popularidad que Washington Irving y algunos de sus amigos crearon en 1835 una sociedad literaria dedicada a San Nicolás.
En los años posteriores, sus dibujos fueron cambiando a una imagen más parecida a la actual. Santa Claus dejó de ser una figura religiosa y se convirtió en un personaje característico de la Navidad (emblema de paz, amor, ayuda y prosperidad).

El momento más importante para la imagen de “Santa” ocurrió cuando la empresa Coca-Cola encargó al pintor Habdon Sundblom que remodelara la figura de Santa Claus / Papá Noel para hacerlo más humano y creíble. Esta versión data de 1931. En este punto, sin embargo hay que aclarar que es solo una leyenda urbana la creencia de que el color rojo y blanco de Santa Claus tenga su origen en los spots que la marca Coca-Cola empezó a hacer a partir de 1931, aunque sí es cierto que contribuyeron a la popularización de estos colores y del mito mismo. Hay muchas ilustraciones y descripciones fidedignas anteriores al spot como la de Thomas Nast (1869) o St. Nicholas Magazine (1926), entre otras; eso sin considerar además las antiguas representaciones religiosas del obispo San Nicolás de Mira / Bari, en las que es común el color rojo y blanco de la vestimenta religiosa.
En cuanto a la morada de Papá Noel, fue a principios del siglo XX cuando se esparció la idea de que viviría en el Polo Norte; sin embargo igualmente hay que recordar que existen otros lugares cercanos postulados como su hogar, los cuales son: Laponia sueca, Laponia finlandesa y Groenlandia; puesto que el Polo Norte está en medio del Océano Ártico.

Aunque llame la atención, en varios países la figura de Santa Claus está rodeada de diferentes acusaciones. Por ejemplo, se le acusa de ser un producto comercial al servicio del consumo, de ser una figura americana intrusa y destruir las tradiciones locales.
Bettina Schade es una de las promotoras de la iniciativa para defender la figura de San Nicolás frente a la de Santa Claus invasor en Alemania. Bettina explicó que "el origen cristiano de la Navidad, el nacimiento de Jesús, ha sido colocado en el segundo plano. Se está volviendo cada vez más una festividad reducida a un simple comercio y compra de regalos".


En fin…JO JO JO JO…!!!! Feliz Navidad para todos!!!!

Adieu!.

Este post quiero dedicarlo especialmente a Fabricio, el sobrinito de Mariano, quien todavía cree ferviente y encantadoramente en Papá Noel, y a “trasgu”, uno de nuestros fieles seguidores.

18.12.09

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El Conventillo "Varieté": El origen de la palabra "Kamikaze".

Cuando hoy se escucha la expresión Kamikaze, inmediatamente se relaciona con los pilotos suicidas japoneses de la Segunda Guerra Mundial, que estrellaban sus aviones cargados de explosivos contra los barcos enemigos durante la batalla del Pacífico.

Pero la palabra japonesa Kamikaze es mucho más antigua y no tiene nada que ver con suicidios ni acrobacias aéreas. Para comprender su significado debemos remontarnos un poco más en el tiempo.

Las islas niponas han sufrido únicamente 2 intentos de invasión importantes. El más reciente fue la ofensiva norteamericana en el marco de la Segunda Guerra Mundial. La otra tentativa fue acometida por el Imperio Mongol a finales del s. XIII (y es aquí donde nos detenemos para conocer el origen de la palabra en cuestión).

En el año 1271 Kublai Khan es nombrado Emperador de China; se convierte así en el dueño y señor de un territorio que sobrepasa los 36 millones de kilómetros cuadrados (la mayor parte del actual continente asiático). Sin embargo, el nuevo emperador tenía ansías de más. Poco tiempo después de su nombramiento mandó emisarios a las islas japonesas con un mensaje tajante: en él se sugería a Japón que se integrara voluntariamente en la órbita del Imperio Mongol, pues de lo contrario se encargarían de integrarlo por la fuerza. Las 2 negativas de los soberanos japoneses fueron suficientes para que Kublai Khan enviara una gigantesca flota invasora de 40.000 hombres a las islas.

El fin del gran Imperio nipón parecía próximo. Después de 53 días de resistencia desesperada, los japoneses optaron por rendirse. En todo el país se elevaron plegarias por la salvación del imperio y, milagrosamente, los rezos parecieron ser atendidos por los dioses: un colosal tifón destruyó la mayor parte de la flota mongola, que tuvo que retirarse definitivamente.

Este tifón que salvó a Japón de la colonización extranjera fue bautizado con el nombre de Kamikaze, que significa “el viento de los dioses”.
El recuerdo de la derrota infligida a Kublai-Khan (1260-1294), que aparece representado en un grabado japonés del siglo XVI, inspiró, siglos más tarde, a las temerarias acciones de los pilotos de los aviones Zeros.

Aunque en esta ocasión el viento de los dioses no favoreció a los japoneses, contribuyó al menos a mermar considerablemente la potencia naval de las flotas inglesas y norteamericanas.

Adieu!.

15.12.09

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Museo del Papel Higiénico

Como si fuera tema tabú, o careciera de facultades vitalistas, el papel higiénico ha sido un objeto excluido de todo tipo de charlas de trabajo, de sobremesa, familiares y sociales (su imponente elocuencia hace que las palabras sobren y la complicidad de los pudorosos reunidos obra como una conspiración para evitar mencionarlo. Pareciera que traerlo a colación es un acto de total vulgaridad y repulsión. Pareciera que el papel higiénico fuera un objeto decorativo “demodé” que acompaña a los toilettes, y que, por supuesto, nadie usa. Y claro, nada más alejado de ello).
Su función desborda la obviedad y su significado (que es difícil apartarlo de nuestra mente) rebasa cualquier propósito de reelaborar una interpretación personal.
Blanco como la nieve, celeste como las nubes, verde como el pasto, rosa como las mejillas, con perfume a jazmín o no; con flores estampadas o simplemente liso, el papel higiénico no siempre fue como lo conocemos ahora.

En la antigua Roma se practicó el hábito de la limpieza “intima”, que hoy se asocia con el uso del papel, con una esponja amarrada a un palo y sumergida en un balde o cubo de agua salada. La misma, que estaba a disposición en los baños públicos, era utilizada y compartida por los usuarios con la que se "refrescaban" sus zonas luego de hacer sus necesidades.


Durante los comienzos del siglo XIV (Dinastía Yuan), se tiene constancia que en la ciudad de Zhejiang había una producción anual de papel higiénico por una cantidad de diez millones de paquetes. Durante la Dinastía Ming (1368-1644 d. C.), se registraron 720.000 hojas de papel higiénico para el uso general de la corte Imperial en la capital de Beijing (a partir de los registros de la Oficina Imperial de Suministros -Si Bao Chao- también existen datos documentados del uso que hacía la familia imperial del emperador Hongwu, donde se consumían 15.000 hojas especiales de tejido suave y cada hoja de papel higiénico fue incluso perfumado).
Los colonos norteamericanos prefirieron utilizar las mazorcas de maíz hasta bien entrado el siglo XVIII (en zonas costeras prefirieron las conchas marinas, y en islas como Hawai la variante local eran las cortezas de coco).
En las zonas rurales encontraban muy útiles los libros y revistas de toda clase (el almanaque del agricultor venía con agujeros para una rápida acción de "lea y limpie". Los catálogos de grandes almacenes, como Sears, no tenían desperdicio). Cuando en las salas de las casas los diarios se volvieron moneda corriente, a principios del siglo XVIII, pronto se hizo del salón de baño su "segundo hogar". Sin embargo, el público perdió "interés" en los años 30, cuando las tiendas comenzaron a editarlos en papel satinado. Aquello, dicen algunas fuentes, fue motivo de queja.

En 1857, el neoyorquino Joseph C. Gayetty lanzó al mercado, bajo el llamado publicitario “un artículo completamente puro para su higiéne” lo que él denominó “Papel Medicado Gayetty ". Así nació el moderno papel higiénico, que en aquel entonces consistía en hojas de papel manila sin blanquear, marcadas al agua con el apellido del inventor. Sin embargo, el éxito comercial no acompañó a aquella iniciativa, y el papel higiénico de Gayetty tuvo una precaria venta.
En Inglaterra, el fabricante Walter Alcock intentó lanzar su propio papel higiénico en 1879; en vez de fabricarlo en hojas sueltas lo hizo en rollos de hojas para ser arrancadas, separadas por líneas de perforación. Sin embargo, su iniciativa chocó con el puritanismo inglés de la época, al que no le parecía conveniente ver semejante producto en los estantes de las tiendas.

Los fallidos intentos de Gayetti y Alcock fueron, finalmente, superados por los hermanos estadounidenses Edward y Clarence Scott. Cuando en 1890 la compañía Scott puso los rollos a la venta, le causaba tanta vergüenza aparecer asociada a “una cosa como esa” que decidieron no poner su nombre en el paquete (milagrosamente el pudor fue vencido gracias a las increíbles ganancias que los rollos comenzaron a dar). Los Scott se llevaron el honor de obtener el triunfo comercial de los rollos de papel higiénico introduciendo una marca que aún hoy se comercializa activamente.

Si se quedaron con ganas de saber más sobre la historia del papel higiénico pueden visitar el Museo Virtual del Papel Higiénico.
Este museo nos cuenta la historia y evolución del rollo del papel higiénico, y también sobre algunas curiosidades del mismo (lamentablemente la página sólo se encuentra en inglés).


Concluyo con la siguiente pregunta:

¿El papel higiénico debe colocarse de la forma “A” o “B”?.



Adieu!!.

14.12.09

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Construcción Museística: El Faro

Los faros son construcciones que evocan miles de imágenes románticas en nuestra mente: terribles tormentas, noches de niebla y misterio, encuentros y desencuentros amorosos…Sin embargo, detrás de la leyenda aparece la realidad: la necesidad que ha tenido siempre el ser humano de dominar y sentirse seguro. Por eso, su origen se confunde con el de la navegación.
Posiblemente el primer faro no fue más que una simple fogata que alumbró ocasionalmente a algún barco con el propósito de orientarlo. Pero el hombre precisaba moverse, y así ideó el procedimiento para encender hogueras en los puntos más altos con el fin de encontrar el camino.

Los egipcios y romanos utilizaron, a modo de faros, fuegos encendidos en braseros a una altura conveniente, los cuales eran cuidados por sacerdotes. Entre ellos, el más famoso fue el faro de Alejandría, construido en el siglo III a.C. bajo el reinado de Ptolomeo II (se le dio el nombre de faro porque la torre, de unos 180 metros de altura, fue construida en la isla de “Pharos”, frente al puerto de Alejandría. Tan maravillosa construcción, realizada por el arquitecto Sostrato de Gnido, estaba recubierta de mármol y en lo más alto ardía una enorme llama que resplandecía durante la noche y que se veía desde una distancia de 55 kilómetros).

Otras construcciones que sirvieron de faro a los navegantes fueron el Coloso de Rodas, La Torre de Hércules, a la entrada de La Coruña y el faro de Chipiona. Uno de los que primero se levantaron en el Mediterráneo occidental es el de Porto Pi, aún en funcionamiento, a la entrada del puerto de Palma de Mallorca.

Durante la Edad Media los faros no se perfeccionaron. No obstante, en el siglo XVII, con el desarrollo del comercio marítimo y la consolidación territorial y administrativa de Inglaterra, Francia y España, comenzaron a construirse torres especialmente diseñadas para faros. Con la mejora del sistema de alumbrado, propuesta por el físico francés Agustín Fresnel en el siglo XIX, la farología se hizo adulta.

Estas altas torres que sirven para señalizar, defender y guiar pueden estar ubicadas en tierra firme o dentro del mar. Las primeras constan de una torre que alberga el faro, y de varias dependencias adosadas, como la vivienda del farero y las zonas para guardar los equipos de radio y sirenas. Las que se levantan en el mar no tienen más remedio que encerrar en la misma torre todos los instrumentos.

Como se puede suponer, dado el lugar donde se asientan, estas construcciones son extremadamente sólidas. Se calcula que durante una gran tormenta el viento puede llegar a tener un empuje de 275 a 300 kilómetros por metro cuadrado. Por ejemplo, el faro de la Vieja, en el Raz de Sein, Bretaña francesa, cuya linterna estaba situada a una altura de 34 metros sobre el nivel del mar, fue derribado por una ola gigante el 5 de diciembre de 1896. Por eso, algunos faros han tenido que volverse a construir varias veces.

Cualquiera que sea el tipo de edificación, la torre termina en una plataforma con baranda sobre la cual se levanta un cuerpo cilíndrico que sostiene la cúpula o linterna, que aloja el elemento óptico. La linterna es lo más importante del faro, dado que es la que protege la luz y el aparato óptico de las inclemencias del tiempo. La luz que proviene del faro puede ser fija o intermitente; estás últimas suelen tener una luz muy brillante de corta duración precedida de un intervalo de oscuridad y de otra luz más tenue. Si el faro está en tierra firme, la señal luminosa no tiene que cubrir los 360 grados, puesto que no debe enviar ninguna señal luminosa tierra dentro.

Hoy por hoy casi todos los faros están automatizados y por tal motivo ya no necesitan que el “farero” esté permanentemente al pie de la torre encendiéndola y apagándola. De hecho, unos tienen instalados sistemas de control remoto o células fotosensibles que se activan cuando comienza a oscurecer. Sin embargo, a pesar de las nuevas tecnologías todavía los marinos confían plenamente en él. Y no es para menos!!, los solitarios y fuertes faros siempre los han ayudado a regresar sanos y salvos a su hogar. Y desde las más hermosas islas, acantilados y penínsulas lo seguirán haciendo por mucho, mucho tiempo más.


Adieu!.

Los invito al blog de Fernando Bonatto "Poesía y Ramos Generales", en el cual hay una sección llamada "Mitos de Mar del Plata" en donde se hace referencia al faro de dicha ciudad.

11.12.09

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Personaje Museístico: Esther Williams

“…Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio…”. Franz Kafka, “El silencio de las sirenas”.

Nadó con pasión y amor. Fue la reina de los mares y la creadora del cine acuático. Tuvo 4 maridos. Sus amigos fueron hitos de Hollywood. Poco y nada se sabe de su infancia. Hoy, con 86 años, sigue teniendo esa encantadora sonrisa con la cual enamoró a muchos.

Podría decirse que pocas estrellas de Hollywood han sido tan silenciosas, reservadas y escuetas como lo fue Esther Williams.
Nacida el 8 de agosto de 1922, en Los Ángeles, California, era una adolescente curvilínea que descollaba en todos los deportes acuáticos: “como si hubiese nacido con cola de pez”, según sus maestros e instructores. Logró ser una joven campeona y recordwoman en natación y cuando estuvo a punto de participar en los Juegos Olímpicos de 1940 no pudo pues estalló la Segunda Guerra Mundial (no se sabe si sus padres eran gente de holgada o de modesta posición, pero lo cierto es que, a los 21 años, Esther ya necesitaba trabajar en lo que fuese para mantenerse. Y lo hizo junto a su primer y benevolente amigo: el nadador rumano Johnny Weismüller, ganador de cinco medallas de oro en las Olimpíadas de 1924 en París y 1928 en Amsterdam, quien después, en San Francisco, ofrecía a los turistas de hoteles de lujo, y no tanto, un show de altas zambullidas y brazadas a flor de agua, aptas para el sustento diario. En él, Esther encontró a su primer hermano de oficio, que supo apreciar sus agallas en el trampolín y le dio empleo).
Trabajando en uno de sus shows acuáticos, en 1941, fue cuando un día recibió la visita de un cazatalentos de la Metro Goldwyn Mayer, que la convenció para firmar un contrato cinematográfico.
En 1942 debutó en un breve papel, junto a Mickey Rooney y Ann Rutherford, en "Andy Hardy's Double Life" (1942). Pero sería gracias al film "Escuela de sirenas" (1944), un novedoso musical cuyo escenario era la piscina, en el cual Esther alcanzaría el estrellato y el sobrenombre de “Sirena de América”, ocurrencia de su compañero y amigo de elenco Clark Gable.
Su fama comenzó a crecer de tal modo que se creó, especialmente para ella, un subgénero dentro del musical: el acuático.

A las órdenes del director Richard Thorpe, protagonizaría, entre otras “Juego de pasiones” y “Fiesta brava”, junto a Ricardo Montalbán, John Carroll, Fortunio Bonanova y Cyd Charisse.
Con el fin de los años ´50 ya había contraído matrimonio en 2 ocasiones. La primera con Leonard Kovner y la segunda con Ben Gage.

En 1955 su popularidad comenzó a decaer y por tal motivo la Metro rompió compromisos con ella. Debido a esto, Esther comienza su carrera de actriz independiente, pero no tuvo éxito y tras aparecer en algunas películas como “Sombra en la noche” abandonó definitivamente el cine (abatida, Esther comienza a consumir LSD por “consejo” de uno de los más famosos usuarios de ácido lisérgico, el gran actor Cary Grant. El problema con las drogas sería una constante en su vida).

En 1969 se casó con el argentino Fernando Lamas, su gran amor, y lo acompañó hasta el día de su muerte, en 1982. Su último marido fue Edward Bell.

Esther fue conocida y recordada por su encantadora y hermosa sonrisa. Cuando actuaba, su rostro conquistaba a todos. Siempre se la veía feliz. Pero cuando se apagaban las luces, lamentablemente, la realidad era otra. La sirena tuvo una vida empañada de una profunda tristeza. Muchas veces la veían llorando detrás de los decorados, y cuando le preguntaban porque estaba así, contestaba que estaba afligida porque un compañero de reparto le había contado una triste situación familiar). Jamás dijo palabra alguna sobre el porqué de su profunda angustia. Nunca se supo bien el motivo de sus interminables sollozos.

Algunos de sus conocidos dicen que Esther sólo era feliz cuando nadaba en los mares, en los ríos o en las piscinas. Fuera del agua, y al igual que las sirenas mitológicas, su ensombrecido corazón se marchitaba lentamente...


Adieu...